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domingo, 15 de junio de 2014

PAPÁ: NUNCA TERMINAMOS DE APRENDER Por César Lozano Papá, me das permiso para… Papá, qué opinas de… Papá, ¿por qué no? Papá, ¿por qué yo? Papá, no estoy de acuerdo… Por supuesto que nunca terminamos de aprender, los hijos se convierten en grandes maestros y cada día nos enseñan y ponen a prueba nuestra paciencia, nuestra prudencia y, sobre todo, nuestra capacidad de adaptación. Los tiempos cambian, los hijos también. Me sorprende constantemente la capacidad de amar que como padre tengo y que, puedo asegurar, cada día es más y ¡sin manual de procedimiento! Estoy seguro que tú, al igual que yo, a veces te preguntas si las decisiones que tomamos son las correctas, si los límites que aplicamos son suficientes o innecesarios y, sobre todo, si nuestra labor como guías será adecuada. La madre Teresa de Calcuta, cuyo nombre verdadero es Agnes Gonxha Bojax-hiu, fundadora de la Congregación de Misioneras de la Caridad en Calcuta y que durante más de 45 años atendió a pobres, enfermos, huérfanos y moribundos, dijo lo siguiente: “El día a día esta formado por cientos de actos cotidianos que pasan desapercibidos para la mayoría de nosotros, pero que contribuyen de manera insospechada a que el mundo mejore o empeore. Pequeñas decisiones en todos los ámbitos de nuestro día que van configurando de manera silenciosa el futuro de la sociedad. No podemos hacer grandes cosas, pero sí cosas pequeñas con un gran amor”. Esos pequeños actos son los que van moldeando el futuro de nuestros hijos. Siempre observan nuestras reacciones, nuestros enojos y nuestros reclamos. Analizan silenciosamente la manera en la que reaccionamos ante lo inesperado y sobre todo la forma en la que tratamos a quienes amamos y a quienes no soportamos. Los nuevos descubrimientos en el cerebro relacionados con la neuroplasticidad, nos dicen que las neuronas sí se pueden multiplicar y que podemos aprender constantemente nuevas formas de hacer las cosas e incluso aprender o re-aprender a tener paciencia, bondad e inteligencia en el control de todas las emociones que poco a poco nos separan de los demás. Olvidemos la teoría que, sin miramientos ni excepciones, decía: “árbol que nace torcido, jamás su tronco endereza”, para cierta gente que sigue inmersa en el dolor y en la violencia, probablemente es mucho más difícil que se enderece, pero para quienes toman la firme determinación, sí es posible. Aprendemos y tomamos la decisión de cambiar como padres por varios motivos: 1. Porque han sido tantos los errores que hemos cometido, que al voltear hacia atrás, decides tomar acciones para cambiar. No estás de acuerdo con lo que ha pasado o con la forma en la que has tratado a tus hijos, por los pésimos resultados que has obtenido. Como lo dijo Albert Einstein: “Si buscas resultados distintos ¿por qué seguir haciendo lo mismo?” O como lo dijo Shakespeare: “El pasado es sólo un prólogo. Tu pasado no es tu futuro, tu presente es tu futuro”. 2. Aprendemos y cambiamos cuando conocemos o admiramos a quienes queremos imitar, igualar e incluso superar. Bertrand Russell dijo: “La mejor prueba de que algo puede hacerse es que antes alguien ya lo hizo”. Las personas verdaderamente inteligentes tienen la humildad de aprender de la experiencia de los demás. Incluyo aquí a quienes se llenan de la sabiduría que los libros aportan. Películas con historias donde los protagonistas han sido los padres que logran sacar la casta y la actitud positiva ante las adversidades. ¿Quién no recuerda la maravillosa película La vida es bella, escrita, dirigida y protagonizada por Roberto Benigni?, quien en forma conmovedora nos transmitió el mensaje de fortaleza que un padre tiene hasta el final de su vida, haciendo hasta lo imposible por evitar el sufrimiento de su pequeño hijo en un campo de concentración. 3. También existen quienes cambiamos para bien cuando simplemente lo decidimos. Tomamos la rienda de nuestra vida para mejorarla. Por simple convicción, por amor y por esas ganas que todos tenemos en el fondo de nuestro corazón de querer trascender. Mención aparte merecen todas esas mujeres que, ante la ausencia de un padre por diferentes razones, toman la firme determinación de educar, formar y amar a sus hijos. Lo que más he aprendido en esta maravillosa experiencia de ser padre es que no se ven los mejores resultados en forma inmediata. Recordemos papás, que se plantan las semillas hoy y se recogen los frutos mañana y que la paciencia la prudencia y la inteligencia pueden hacer milagros. El segundo regalo más grande que le podemos dar a nuestros hijos es la disciplina, el primero es el amor. ¡Feliz día del padre!

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