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sábado, 4 de octubre de 2014

TUS PALABRAS

Tus palabras quedaron retumbando un largo rato en mi mente. Te odie un instante, me dieron ganas de lanzarme contra ti y golpearte con fuerza. Se me estaba quebrando la ilusión, la esperanza estaba agonizando. Abriste la boca y pronunciaste las palabras precisas para dejarme en claro que este juego sólo lo estaba jugando yo.
En ese instante no entendí, me moleste y comencé a llorar. Noche tras noche me repetía lo que me habías dicho, cucharadas masoquistas de amarga realidad para matar las dudas. Todavía llegaba a pensar, a imaginar que no querías lastimarme y por eso me pedías de manera sutil que no te amara, que no me enamorara de ti, que tú no podías, ni sabias quererme. Creí que eras injusto y malo, que aun sabiendo lo que sentía por ti, me arrojabas al desierto, al desamparo.
Pero no, hoy entendí que estaba lastimada y mi mente me hacía sentir víctima. Me estabas liberando, me estabas dando libertad. Quitabas las cadenas que tontamente até a tus huellas, a tus pasos. Liberabas la esperanza que había enjaulado por ti. Me regalabas paz, ahora no me comerían las ansias por pensarte lejos y ajeno mío. Me regalabas autonomía y amor. Al pronunciar esas palabras desatabas los nudos de mi mente. Llore al darme cuenta que habías sido bueno, muy bueno conmigo. Que me arrojabas al universo, al infinito para que el sol me cubriera y el viento acariciara los lugares que me dolían. Me habías liberado, me habías regalado el amor a manos llenas.”

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