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viernes, 15 de agosto de 2014

Recuérdeme. Cuando sea ya demasiado tarde para hablar con palabras. Cuando llegue la noche a nuestros ojos y estemos a plena luz del día. Cuando nos ataque de repente lo inevitable, sea forzado o sea cosa de nuestros cuerpos que sólo están cumpliendo con ese deber impuesto. Si tenemos una herramienta en las manos, sabremos que hemos decidido el resto. Si no tenemos una herramienta, ¿qué será de nuestro camino? Llegaremos a cualquier punto en donde ya no podremos saber lo que es levantarse de nuevo y querer sentir las ganas de seguir viviendo. Hemos muerto. Llegaremos a cualquier punto y dejaremos de mirar nuestra muñeca para encontrar consuelo falso en las horas y en los minutos. Llegaremos a cualquier punto y dejaremos de correr para alcanzar lo que sea que nos atormenta. Ya no hay citas, ya no hay trabajo, ya no hay un escritorio, ya no hay velorios, ya no hay nada que incluya algo exacto y entonces me pregunto si alguna vez lo hubo. Ya no, al menos ya no. Llegaremos a la esquina, qué bonito sería abrazarla y decirle, ya no tenes que preocuparte, he llegado hasta aquí y si vos estás también aquí, seguramente algo hice bien, o las dos hicimos muy mal, pero al menos la tendría aunque fuera un poquito de aquella eternidad. Recuérdeme de olvidar cualquier cuaderno, cualquier lapicero, tengo una pluma favorita en estos momentos, haga el favor de recordarme que la tire en cualquier puente. Esa tinta de cartuchos no alcanzará para mucho más y a cualquiera que venga le será más útil comprar una nueva que usar la vieja que ha debido guardar tantas cosas en letras. La preocupación se acabará. Las lamentaciones ya no existirán, las lágrimas quizá ahora tengan un sabor dulce ¿y el mar? Tal vez algunas cosas no cambian. Tal vez aquí se olvida lo que es llorar. Tal vez aquí no necesitemos aprender nuevamente a nadar. Entonces venga, venga madre mía. Venga, vamos a nadar, aunque nunca supo usted cómo. Vamos a nadar y después podremos ir al parque, a comer cualquier cosa, y tomar el sol, o a ser las mismas personas que nunca nadie conoció. Nos sentaremos cerca de otros y pretenderemos seguir siendo lo que ellos son. Vamos, que otros lo han hecho antes, hasta estando muerto uno debe levantarse. Poly Cinco - Semblanza

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