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miércoles, 2 de julio de 2014

Lectura para esta noche: Conversando con los niños ¿Qué es la traición? Caminando por la calle, el profeta preguntaba: -¿Acaso no somos todos hijos del mismo Padre Eterno? La multitud asentía. Y el profeta continuaba: -Entonces, ¿por qué traicionamos a nuestro hermano? Un chico que estaba presente le preguntó a su padre: -¿Qué es traicionar? -Es engañar a un compañero para sacar algún provecho. -¿Y por qué traicionamos a nuestro compañero? –insistió el chico. -Porque alguien empezó en el pasado y desde entonces nadie ha sabido cómo romper la cadena: o estamos traicionando o alguien nos está traicionando. Así siempre. -Entonces yo no voy a traicionar a nadie –dijo el chico. Y así lo hizo. Creció, recibió muchos golpes en la vida, pero cumplió su promesa. Sus hijos sufrieron menos y fueron menos castigados por la vida. Sus nietos ya nada sufrieron. Sobre los celos Cuando tenía once años, Anita fue a quejarse a su madre: -No consigo hacer amigas. Como soy muy celosa, al final todas me dejan sola. La madre estaba cuidando a unos pollitos recién nacidos. Anita cogió uno, que inmediatamente comenzó a luchar para libertarse. Cuanto más lo apretaba la niña en su mano, más se debatía el pollito. La madre comentó: -¿Por qué no pruebas a sostenerlo con suavidad? Anita obedeció. Abrió las manos, y el pollito paró de debatirse. Empezó a acariciarlo muy suavemente, y el animalito se arrellanó entre sus dedos. -Los seres humanos también son así –dijo la madre. –Si lo que quieres es atraparlos sea como sea, se te escapan. Pero si eres dulce con ellos, se quedarán siempre junto a ti. Las tres cosas Chen Ziquin le preguntó al hijo de Confucio: -¿Tú padre te enseña algo que no sepamos? El otro respondió: -No. Una vez que yo estaba solo, me preguntó si leía poesía. Le respondí que no, y él me mandó que leyera algunos poemas, porque abren en el alma el camino de la inspiración divina. »En otra ocasión me preguntó si practicaba los rituales de adoración a Dios. Dije que no, y él me mandó que lo hiciera, pues el acto de adorar lograría que yo me entendiese a mí mismo. Pero nunca se puso a vigilarme para ver si lo obedecía. Una vez que Chen Ziqin se había alejado, se dijo a sí mismo: -He hecho una pregunta y he obtenido tres respuestas. He aprendido algo sobre la poesía. He aprendido también sobre los rituales de adoración. Y he aprendido también que un hombre honesto nunca se preocupa por vigilar la honestidad de los otros. Detrás de la lluvia Tras cuatro años de sequía, el párroco del pequeño pueblecito reunió a todo el mundo para realizar una peregrinación a la montaña, donde realizarían una oración colectiva rogando el regreso de la lluvia. Entre el grupo, el párroco se fijó en un chico que iba todo abrigado y con impermeable. -Pero, ¿te has vuelto loco? –le preguntó-. ¡En esta región hace cinco años que no llueve, y te vas a morir de calor subiendo a la montaña! -Estoy resfriado, padre. Y si vamos a pedir a Dios que llueva, ¿se imagina cómo va a ser la vuelta? Va a caer una que lo mejor es ir preparado. En ese preciso momento, se escuchó un gran estruendo en el cielo, y comenzaron a caer las primeras gotas. La fe de un niño fue suficiente para realizar un milagro esperado por millares de personas.

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